Toda nueva mamá se preocupa por el confort y salud de su bebé recién nacido; siendo la habitación del bebé el lugar donde pasará el mayor tiempo de sus primeros años de vida, es importante crearles un ambiente adecuado en cuanto a temperatura y humedad, pues son dos factores de gran importancia en el bienestar de un bebé. En esta nueva entrada del blog de H2OTEK te contaremos sobre los tipos de calefacción y deshumidificación para mantener la temperatura adecuada en el cuarto de tu bebé.

Tan importante es evitar que el bebé pase calor, como que pase frío, pues el sudor puede provocar la deshidratación, erupciones en la piel y resfriados, por lo que lo más recomendable es mantener una temperatura de entre 18 y 24 grados en la habitación del bebé y mantenerle fresco sin exagerar con las mantas y cobertores, pues el cuerpo del bebé genera bastante calor, razón por la cual son muy propensos a la sudoración y a dejar su ropa húmeda, lo que es la primera causa de resfríos.

En primavera y verano se recomienda abrir las cortinas y ventanas durante el día para que entre la luz del sol y el calor del exterior y refresquen de forma natural la habitación, evitando el exceso de humedad que puede provocar la aparición de moho; en los lugares en extremo calurosos suele utilizarse sistemas de aire acondicionado, pero no son recomendados en las habitaciones de los más pequeños de la casa porque resecan el ambiente y provocan resfriados. Sin embargo, si es necesario refrescar la habitación, se puede encender unos minutos mientras el pequeño está fuera del cuarto y apagarlo otra vez para meter al pequeño para que duerma; si vas a abrir las ventanas o vas a utilizar un ventilador, procura que la corriente de aire no dé directamente al niño para que no se enferme.

Por su parte, en las frías temporadas de otoño e invierno, en las casas suelen utilizarse sistemas de calefacción con radiadores de gas o eléctricos, ya que ambos ofrecen un calor agradable, especialmente en las noches; las estufas de gas butano y los braseros de carbón o de leña deben evitarse al interior de los hogares, ya que son muy peligrosos y emiten vapores tóxicos para toda la familia, especialmente para los bebés. Además, debemos tener en cuenta que ni la cuna ni la ropa del bebé deben estar cerca de fuentes de calor, y que las más pequeñas flamas pueden provocar graves incendios en los hogares.

Si eliges calefactores de gas o eléctricos, se recomienda lo mismo que con el sistema de aire acondicionado: prenderlos para calentar la habitación antes de que el pequeño entre, ya que pueden resecar el ambiente, cuando lo ideal es que las habitaciones conserven entre el 30 y el 50% de humedad. Un porcentaje mayor puede propiciar la aparición de hongos que dañan los muebles, la ropa y también la salud de las personas, por lo que en estos casos se recomienda el deshumidificador.

A fin de controlar mejor la temperatura y la humedad, se recomienda la instalación de un termómetro ambiental en la habitación del bebé, y puedes utilizar persianas, cortinas gruesas, alfombras mullidas (siempre y cuando las aspires constantemente) y buscar que la habitación del bebé sea la más iluminada y ventilada de la casa para que se mantenga la temperatura agradable en la medida de lo posible, tanto en los meses calurosos como en la temporada invernal.

La temperatura en el recién nacido debe mantenerse lo más estable posible, pues las fluctuaciones pueden dañar su salud y comodidad; en la búsqueda por un sistema de calefacción se recomienda optar por los medios más eficientes y menos contaminantes, como los calefactores eléctricos que no requieren de la combustión, ni consumen oxígeno del medio ambiente, ni generan gases tóxicos para el bebé. De hecho este tipo de calefactores son los más recomendados en la actualidad, pues no representan riesgos para ningún miembro de la familia y no ocasionen enfermedades, en vez de solucionar el problema del frío invernal.

Si bien todos los miembros de la familia merecen el confort que un calefactor les puede proporcionar, los recién nacidos lo necesitan más debido a que cuando se encontraban en el útero materno tenían un ambiente cálido y confortable, sin sentir calor ni frío; pero al nacer comienzan a perder calor rápidamente y necesitan retenerlo, pues su piel es muy fina y suave y no los protege adecuadamente de las variaciones de temperatura.

Por esta razón suelen ocuparse prendas que aportan mucho calor al bebé, aunque estas pueden incomodarlos como los gorros, los guantes o los cobertores gruesos, por ello es importante brindarles un entorno lo suficientemente cálido para que no tengan que abrigarse en exceso y puedan moverse con libertad.

Si cuentas con un calefactor en tu hogar, ya sea de gas o eléctrico, evita colocarlo cerca de la cuna del bebé o que el calor dé directamente hacia donde se encuentra; trata de calentar las habitaciones antes de entrar y apagar el radiador, especialmente si es de gas y reemplázalo por uno eléctrico en cuanto te sea posible. Además procura ventilar las habitaciones a diario para evitar el exceso de humedad de forma natural, pero cuando abras puertas y ventanas aleja al pequeño de las corrientes de aire. También puedes encender el calefactor para bañar al pequeño, ya sea que le bañes en la habitación o en el baño, ya que puede sentir mucho frío al desnudarle y sacarle mojado del agua.

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