En esta temporada del año, se comienzan a sentir los fuertes descensos de temperatura que caracterizan el lento paso del otoño al invierno. La tendencia común es que se empiecen a poner en funcionamiento los sistemas de calefacción para mantener en los espacios interiores una temperatura agradable. Si bien,  regular la temperatura al interior del hogar, de oficinas, escuelas y comercios es una necesidad tanto para que las personas que se encuentren en su interior estén cómodas como para que no corran riesgo de contraer alguna enfermedad ocasionada por el frío, hay algunos factores que por lo regular no se toman en cuenta al momento de usar calefactores que pueden ocasionarnos enfermedades y otro tipo de malestares corporales.

Si eres de las personas que no soportan las temperaturas bajas, que vive o trabaja en un lugar que por las características arquitectónicas de la construcción es bastante frío aunque el sol esté brillando y haga mucho calor afuera, seguramente utilizas un calefactor durante todo el año, para elevar la temperatura del lugar y estar más cómodo. El control del ambiente al interior de un inmueble es de gran importancia pues no sólo garantiza la comodidad de las personas sino también contribuye a conservar en buenas condiciones los muros, los muebles, ropa, libros y cualquier tipo de objetos que podrían dañarse por el exceso de humedad, el frío o las altas temperaturas. Sin embargo, aunque sabemos cómo encender el calefactor, el aire acondicionado y otros aparatos que ayudan a controlar la temperatura, resulta bastante común que no sepamos que se tienen que hacer ciertas compensaciones para no desequilibrar, por ejemplo, los niveles de humedad.

En caso de que utilicemos un sistema de calefacción lo más probable es que requiramos de aparatos humidificadores que devuelvan al ambiente el vapor de agua que el calefactor se encarga de evaporar, esto para que el aire esté bien humectado y no se favorezca el contagio de algunas enfermedades que se reproducen mejor en entornos secos. Claro que esto depende mucho del tipo de calefactor que utilicemos pues por ejemplo, en el caso de los sistemas hidrónicos el aire no se reseca por el mecanismo de funcionamiento del sistema. Por otra parte, si utilizamos calefactores de radiación además de humidificadores de ambiente, podría ser necesario contar con un sistema de ventilación que nos ayude a hacer correr el aire en las habitaciones y renovarlo para que el calor se distribuya uniformemente y se puedan eliminar los residuos que desprenda el uso del calefactor.

La compensación de la pérdida de calor y humedad en el ambiente ocasionada por el uso de algunos aparatos es sumamente importante para que el espacio cuente con las características que resulten saludables para los humanos. Por esta razón se recomienda monitorear los niveles de humedad  relativa con ayuda de un higrómetro y en caso de que los porcentajes no estén dentro del rango aceptable, compensar la pérdida o falta de humedad bien, con un calefactor, con un deshumidificador o con un humidificador. Lo anterior forma parte de las medidas de seguridad para el uso de calefactores y otros equipos y debemos recordar en todo momento que es necesario seguir las instrucciones del fabricante para poner en operación cualquier tipo de equipo o aparato ya sea en nuestra casa o en el trabajo.

En el caso específico del uso de calefactores, además de los problemas que se derivan de la sequedad del aire y de no saber utilizar bien los equipos para evitar fallas eléctricas y accidentes, se debe tener cuidado con la temperatura a la que se regulan y nuestros hábitos de uso. Como ya mencionamos, los calefactores son muy utilizados en la época fría del año y para elevar la temperatura en espacios que independientemente del clima están fríos, esto con fines de comodidad y para prevenir algunas enfermedades respiratorias.

Claro que esto es muy funcional, pero posiblemente te has preguntado, por qué aunque se tengan las precauciones para mantener el interior calientito en invierno, muchas personas que usan calefactores se enferman. Esto se puede deber a dos cosas, la primera de ellas está relacionada con la falta de compensación de pérdida de humedad en el aire por uso de calefactores, lo que puede irritar la mucosa nasal, además de los ojos, la garganta y la piel y favorecer el contagio de diferentes enfermedades. La segunda de ellas está asociada con la falta de cuidado al momento de pasar de un interior con calefacción al exterior frío o viceversa, es decir, con la exposición a los cambios bruscos de temperatura. Para evitar contraer enfermedades por este tipo de cambios fuertes y súbitos en la temperatura, se recomienda que si vienes del exterior evites encender el calefactor a su máxima potencia en cuanto llegues a casa; lo mejor es que subas la temperatura poco a poco con ayuda del termostato y conforme la temperatura se vaya regulando, comiences a quitarte las prendas que vistes para protegerte del frío, como abrigos, chamarras, bufandas y gorros. Si por el contrario estás en un espacio caliente y vas a salir al exterior frío, te recomendamos que sigas el proceso inverso y que te abrigues bien antes de salir, esto te ayudará a evitar contraer resfriados y dolores musculares ocasionados por el cambio brusco de temperatura.

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